miércoles, 21 de septiembre de 2011

La mujer y la noche: los espacios que nos negamos.

"Creo que me cuesta ser consciente de los espacios que me niego. Lo tengo tan asimilado (por ejemplo pasear por la playa de noche sola) que me resulta dificil mencionarlo aquí. Recuerdo que Simone de Beauvoir comentaba que para ser un artista como Van Gogh o cualquier otro hombre y artista, las mujeres deberíamos tener la libertad de movimiento que los hombres han tenido, la libertad de moverse y perderse por las calles me refiero. Me parece que en muchos casos, esta limitación está incrustada en nuestro ‘estar en la vida’ Una especie de miedo atávico transmitido de abuelas a madres y a hijas, algo que en mi fuero interno lo denomino como "el síndrome de Caperucita Roja" Creo que para una mujer cobarde, como yo, esta limitación ha sido muy frustrante y dolorosa"

Mariasun Landa, escritora.

Teresa del Valle, antropóloga, explica que en realidad el miedo femenino a trasegar ciertos espacios no deviene de la configuración de éstos sino de su profunda instalación a través de mecanismos socializadores en la mujer desde la misma infancia. La noche se constituye a sí misma como tiempo y lugar del peligro, que se acrecienta en los espacios públicos donde se “desvanece la identidad personal para pasar a ser un mero objeto de agresión”. Desde ese punto de vista las mujeres son los transeúntes anónimos más expuestos a la intemperie en todo el sentido de la palabra, intemperie donde los otros, los hombres, se constituyen en los potenciales agresores.

En el libro "Perspectivas feministas desde la antropología social" explica: 

"Se trata de espacios que tienen que ver con recorridos y puntos de encuentro como son los caminos y los cruces. Están en el exterior y abiertos a que transiten cualquier tipo de personas y a cualquier hora del día. Pero se trata del espacio solitario en momentos de oscuridad sobre los que se ciernen imágenes de amenazas que nos hacen acelerar la marcha y agudizar los sentidos, y se da una condensación de miedos sobre los que actúa la imaginación con imágenes de relatos anteriores oídos en distintos momentos de la vida: unos como parte de narraciones infantiles, otros asociados a casos que se mencionan con frecuencia, y mediante los comentarios que hace la gente (hombres y mujeres) en una comunidad respecto a los lugares que se consideran seguros o inseguros para niñas y niños.

En una discusión sobre el tema con mujeres y hombres jóvenes, estos últimos manifestaban que en su mapa cognitivo cuando se encontraban de noche en un lugar solitario sí entraba la posibilidad de la agresión física, pero sin identificarla con la agresión sexual. Por el contrario, era el primer miedo que afloraba en el caso de las jóvenes. Aunque, en realidad, la agresión sexual ocurre con mucha mayor frecuencia en el espacio doméstico que fuera de éste.

Es evidente que hay mujeres que han superado ese miedo, se sienten seguras en la ciudad de noche, aun en lugares solitarios, y experimentan el espacio con libertad. Sin embargo, puedo afirmar que es dominante el sentimiento contrario, incluso entre personas comprendidas entre los veinte y los treinta años de edad. Logros obtenidos en el terreno educativo, laboral, reproductivo y sexual deberían haber incidido de manera positiva en la superación del miedo. Sin embargo, el peso de una socialización temerosa y el hecho de que en los medios de comunicación se hace mucho más hincapié en las agresiones sexuales que ocurren fuera que las que acontecen dentro del ámbito doméstico, influye en ello. Datos estadísticos muestran que la mayoría de los casos de violencia suceden en el ámbito doméstico y de éstos se denuncian sólo un porcentaje muy pequeño. El hecho de que se dé en el ámbito doméstico en una sociedad que sacraliza la familia y su intimidad, hace que la gente tenga dificultades para enfrentarse a su transgresión, por lo que niegan que exista.
En cuanto a la reflexión sobre la relación entre miedo y “no lugar” (parques, callejones, aparcamientos, suburbano) encuentro que el miedo se sitúa en el no lugar, en aquél donde al amparo de la oscuridad, de la noche, se da el anonimato. Allí donde se desvanece la identidad personal para pasar a ser un mero objeto de la agresión. La experiencia del miedo en un no lugar, bien sea real o imaginario, repercute en las generalizaciones que elaboran las mujeres en las que engloban a todos los hombres en el anonimato de “los agresores” por encima de identidades concretas, aquéllas que se generan en los lugares.

Alessandra Bocchetti, directora del Centro Cultural Virginia Woolf de Roma, afirma: "Tendré que comenzar a contar que le tengo miedo de noche, cuando estoy en la calle sola, y que ese sentimiento destroza lo que, de día, estaba ilusionada con haber ganado: emancipación, seguridad en mí misma, control sobre mí misma; que la noche es mi viaje en el tiempo en el que reencuentro el mismo miedo de todas las mujeres que me han precedido; entonces me doy cuenta de lo terriblemente frágil que es todavía mi historia. Por la noche, cuando los hombres devienen sólo hombres y las mujeres devienen sólo mujeres, se me revela el último sentido, quizá el más profundo, de la relación entre los sexos que pertenece a nuestra cultura."

Del Valle continúa: Sería interesante explorar si posteriormente esos miedos han influido en coartar decisiones, pasos hacia adelante. No me refiero con ello a incursiones psicoanalíticas, sino verlo por medio de datos de la historia de vida y siempre en relación con si para la mujer esos miedos han incidido positivamente o de forma negativa en su autoestima, en una experiencia liberadora o no.
El miedo a la agresión física constituye un elemento considerable en la formación de los mapas afectivos de los individuos. Estos datos son importantes a su vez a la hora de plantear un análisis de una ciudad de cara a erradicar la inseguridad ciudadana. Para la superación del miedo es clave la identificación de sus orígenes.  Si, como se ha recalcado anteriormente, mucho de ello proviene de la socialización, todo ello debe abarcar a personas de distintas edades y a mujeres lo mismo que a varones, y se haya en el conocimiento de lo que han supuesto las experiencias positivas de recorrer espacios, de familiarizarse con la soledad, sentirse a gusto en la noche. Hay múltiples narrativas que nunca se han incorporado a partir de viajes en solitario o en grupo, recorridos celebrados de ocios nocturnos, experiencias de trabajo que incorporan recorridos inusuales, descubrimientos de lugares, superación de miedos. Curiosamente, esa memoria que también ha pasado por la experiencia corporal ha quedado marginada; mientras que la otra, la del miedo, sobresale de continuo y se enriquece en la transmisión."

Los tuareg del Sahara, los pigmeos Mbuti del bosque Ituri, los jíbaros de América del Sur y los Mungo Nkundo de África son sociedades en las que la antropóloga Peggy Reeves Sanday no encontró casos de violación a mujeres. También en las sociedades matrilineales como la Minangkabau de Indonesia.
“En las sociedades donde la naturaleza se considera sagrada, la violación sucede excepcionalmente”

“En las sociedades libres de violaciones las mujeres son tratadas con un considerable respeto y las actitudes de las personas sobre el medio
ambiente son más de respeto que de explotación”

“Donde los varones están en armonía con su entorno, las violaciones apenas existen”


En estas culturas, las mujeres no tienen miedo de la violación cuando salen solas. 


La antropóloga Maria-Barbara Watson-Franke cuenta que cuando ella confesó a su guía Guajiro (América del Sur) que tenía miedo de caminar por la noche en el desierto, ésta le dijo que ella sentía lo mismo. Pero cuando la antropóloga le contó cómo un hombre le había atacado una vez en Europa, la mujer Guajiro le miró sorprendida: "¿Tienes miedo de la gente? Oh no, nada de eso!. Pensé en las serpientes!"

Dolores Juliano explica que también se trata de la defensa. "Entre los saharauis la costumbre es que cuando una pareja se casa, se quedan a vivir con la familia de la mujer, hasta que nace el primer bebé. Imaginaros a un saharaui malvado en una haima rodeado de sus suegros, sus cuñados, los hermanos de la mujer y todos los parientes de ella. Objetivamente, es imposible. La matrilocalidad es una defensa ante el maltrato. Además utilizan también el divorcio. El maltrato no se acepta socialmente."

En Occidente, la violación es un fenómeno en la escala mayor, como se muestra en varios estudios. En los Estados Unidos, hay aproximadamente 200.000 víctimas de violación (de más de 12 años) por año. 

Señal en Mexico, un poco manipulada..


Fuentes:
http://148.202.18.157/sitios/publicacionesite/pperiod/laventan/Ventana9/ventana9-1-1.pdf
www.sdp.gov.co:8080/cieeie/index.php/biblioteca.../doc.../280-cap3.html
http://issuu.com/mireyinn/docs/la_ciudad
https://www.youtube.com/watch?v=_IZQ-eneyuM